Rosalía

Rosalía
La Palma, mayo 2015

Si nunca hubiera conocido a Rosalía pensaría que ese tipo de personas no existen. Imposible contar con tantos elementos positivos.

Aunque soy consciente de la visión sesgada que me proporciona el corazón, objetivamente soy capaz de ver la luz que ofrece a todo el mundo, pues es de esa gente que está aquí para hacernos una existencia más fácil a los demás. Siempre con una sonrisa, cargada de buena voluntad, dispuesta a escuchar y con la paciencia de mil personas en una, hacen de ella una compañera perfecta para cualquier situación. Pero sobre todo cuando las cosas no son del color de rosa. Y es que se trata de una de esas personas que quieren ayudar de verdad. Sin necesidad de que se entere nadie, sólo por el hecho de realizar algo que le sale de dentro.

Cuando la conocí, me marcó al decirme que nunca había conocido la ira. De hecho, no llegué a creérmelo. Sin embargo, ahora dudo sinceramente que en sus 30 años haya llegado a perder los nervios. Al menos nunca nadie lo ha visto.

Estudió Derecho y Administración de Empresas tal vez porque era lo que tocaba en ese momento. Continuó con un Máster y llegó incluso a tener un puesto de “responsabilidad” en una gran empresa: bien pagada y con buena reputación. Sin embargo, parece ser que no estaba destinada a ello. De hecho, podría haber estudiado casi cualquier cosa y lo hubiera bordado igualmente. Talento a raudales junto a una gran (pero gran) disciplina la convierten en (como yo le llamo a veces) un “jodido cerebrito”.

Es una “máquina” fiable, de las que nunca fallan: misión que se le encomienda, misión que saca adelante, por rocambolesca que sea. Y hasta que no lo consigue no se rinde. Sin enfadarse ni crisparse. Creo que eso está al alcance de muy pocos. Tanto viajando como en la vida es práctica y muy, muy flexible. Tremendamente optimista, tiene asimilado que las quejas y los lamentos están hechos únicamente para restar y desgastar, adaptándose a las duras y a las maduras a la velocidad del viento. No sé cómo lo hace pero siempre recuerda y tiene controlados esos pequeños detalles que a todos se nos escapan y nos vuelven locos (sobre todo a mí).

Pero lo que más me maravilla de ella es su energía y sus ganas de vivir la vida. No es sólo que no diga nunca a nada que no. Su mayor virtud reside en su capacidad para renovarse y reinventarse continuamente. Aunque han pasado unos años de relación, si pienso en ella, en mi mente es como si visualizase el estar continuamente “abriendo regalos”. Sus ganas de hacer cosas nuevas y su interés por todo (sus “nieblas” como yo les llamo) son como estar siempre estrenando algo. Divertida y bailona con media cerveza, sin sentido del ridículo, deportista y dura como las piedras….Sinceramente, mola tanto como persona que sería de locos no plantearme dar la vuelta al mundo con Rosalía: mi compañera en la vida.

Juancar