Rocinante

Et voilà! Aquí tenemos al último integrante del equipo. Y por ser el último no es el menos importante… Para nada. Rocinante es nuestro todo: nuestro hogar, nuestro medio de transporte, nuestro refugio, nuestro sueño.

Rocinante
Rocinante en marcha

Rocinante es un Land Rover Defender 130, del año 93 y con más kilómetros que la Estación Espacial Internacional.

¿Por qué elegimos un 4×4?

Después de tener con nosotros a Macki (una Camper bien chula) durante varios años y haber hecho bastantes viajes, creíamos que la mejor opción para salir de vuelta al mundo era una autocaravana: más espacio, más comodidad, etc. Así que empezamos a mirar autocaravanas… ¡y acabamos mirando trailers en EE.UU! Algo se nos iba de las manos…

Justo en ese punto, Rosalía se fue a Madrid a las Jornadas Iati de los Grandes Viajes y de ahí volvió con una idea muy clara: teníamos que dar la vuelta al mundo en 4×4. Y punto. Al principio a Juancar le pareció una idea poco segura, pero después de estar dándole vueltas un tiempo, encontramos lo que buscábamos: un 4×4-caravana. ¡Era perfecto! Teníamos lo que necesitábamos: la posibilidad de movernos sin límites (playas, bosques, caminos, asfalto, barro, arena, etc.) y la comodidad de tener un espacio suficiente para vivir y no tener que andar siempre agachados como en la furgo…

Pero todo no podía ser bueno… Resulta que nuestro Rocinante era francés, del norte. Vivía en Saint-Gildas-de-Rhuys, un pueblo precioso de la Bretaña Francesa a unos 3.000 km de donde estábamos nosotros… -“¿Qué hacemos?”, -“pues nada, comprarlo e irnos a por él”, -“venga”. Y así fue.

El viaje a Francia

Durante un tiempo estuvimos intercambiando correos con su anterior dueño, Vincent, y a finales de agosto cogimos un vuelo a Nantes y llegamos por fin a su casa. Y ahí estaba él: enorme. Al principio nos asustó un poquito, pero después de pasar la noche dentro, al día siguiente nos pareció la mejor decisión del mundo.

Ir a por él ya fue un viaje en sí mismo y el preludio de lo que será nuestra vuelta al mundo… La familia Cheyère nos acogió como a dos más de la familia y nos trataron fenomenal. Durante los dos días que estuvimos con ellos nos sentimos tan bien, y los alrededores nos gustaron tanto, que nos hubiéramos quedado unos cuantos días más.

Allí descubrimos la anterior vida de Rocinante… Supimos que antes de ser Rocinante, fue “Escargot” (caracol en francés), nombre que le dieron los Cheyère, una familia de cinco miembros que se fueron en 2015 a recorrer Europa del Este durante 10 meses (aquí su blog). Nada menos. Ellos nos contaron su experiencia y nos hicieron soñar con nuestro viaje. Estaban muy contentos de que su caracol se fuera de nuevo a viajar y no paraban de repetirnos el lujo de viajar en él solo dos personas… Merci beaucoup famille!

Además, nos contaron acerca de los anteriores viajes de Rocinante… Ahí donde lo veis ¡ha recorrido prácticamente toda Europa! Ahora es el turno de conocer otros continentes…

La vuelta a casa

Juancar, Rosalía y Rocinante
Juancar, Rosalía y Rocinante

Llegar a casa nos costó un poquito… Puesto que no estamos hechos a él y él no estaba hecho a nosotros. Entendimos que “caracol” hacía más referencia a su velocidad que al hecho de llevar la casita a cuestas, pero eso nos hizo ver la parte positiva: no nos perderíamos nada del paisaje.

Hasta llegar a la frontera con España tuvimos la duda de poder salvar los Pirineos, pero si Aníbal lo consiguió con sus elefantes, ¡nosotros lo íbamos a hacer con Rocinante! Y así fue. Cada puerto de montaña se nos hizo más largo que un día sin pan, ya que nuestro compañero no se encontraba en óptimas condiciones. Aun así se portó como una bestia, y tras su paso por el gimnasio durante los meses previos al viaje, ¡va a quedar con una forma excelente!

Así, después de varios días de travesía, calor y cansancio, ¡llegamos a casa! Esperábamos entrar por todo lo alto, pues era el primer día de fiestas en el pueblo: gente por la calle, toda la familia… Y lo cierto es que no nos recibió nadie. Directos al garaje…Menos mal que ahora estamos haciendo visitas guiadas para que todos confirmen lo locos que estamos al adquirir semejante maravilla.

Y, ¿por qué “Rocinante”?

Antes de ir a Francia barajábamos dos nombres para el Defender: Polaris y Rocinante. Polaris era un nombre muy bonito, evocador, y nos gustaba porque, como la estrella, iba a ser nuestro guía, el que nos llevara a dar la vuelta al mundo…

Pero también nos gustaba un nombre más del terreno, más cercano a nosotros, y Rocinante era perfecto. Además, para nosotros siempre ha sido una máxima la famosa frase del Quijote donde dice “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho“. Y ponerle a nuestro “rocín” el mismo nombre que él le puso al suyo, nos parecía un buen homenaje…

Decidimos que nos decantaríamos por uno u otro una vez lo viéramos. Y así fue. Nada más verlo supimos que era un auténtico Rocinante, por muy francés que fuera.

Así que este es nuestro “pequeño”… Poco a poco os iremos contando como va el proceso de puesta a punto.

Un abrazo.

Juancar y Rosalía