Carta del alma a un vagabundo cualquiera

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Y mientras el mundo se alimenta de peros y de miedos, de dudas y de cobardía, aquí estás tú, bebiendo de la luz radiante y cegadora de un nuevo amanecer puro en mitad de todo y de nada. En este lugar como otro cualquiera en el Sur de África. En este lugar sin distinciones ni reclamos, que nunca aparecerá en ninguna guía turística o libro de viajes. En este punto cualquiera de la salvaje sabana de Botsuana, a varios años luz de los valores sociales occidentales.

Sin más sonidos u olores que los que ahora percibes, aquellos que provienen del resto de criaturas vegetales y animales que te acompañan y te observan. Mientras tú las observas a ellas en silencio, respetuoso. Eres su invitado aquí y ahora, por lo que intentas provocar en ellas el mínimo impacto, el menor de los desasosiegos al descubrir al hombre entre ellas.

Y comprendo claramente que es esto y sólo esto lo que siempre has deseado llevar a cabo. Tal vez incluso desde antes de nacer. Porque… a mí no me engañas, no como al resto. Yo sé que tú no estás aquí, haciendo este peregrinaje, porque querías ver el mundo, como siempre les dices a todos. No… para ello uno no hace lo que tú estás haciendo, lo que vosotros dos estáis haciendo. Pues son muchas las personas que llegan a ver mundo y no requieren para nada ser valientes ni enfrentarse a la sociedad. Porque, seamos sinceros, esto no es un viaje, sino más bien una filosofía, un modo de vida, ¿no crees? Tal vez sea la vida misma.

No… tú no quieres ver el mundo, ¡tú quieres vivirlo! Quieres sentirlo, beberlo y aspirarlo hasta el fondo mismo de tu ser, a fin de asimilarlo en tu médula. Tú quieres ser el propio mundo, llevarlo a fuego en tus entrañas. Porque hoy, hoy mismo, ahora, mientras amanece en este lugar perdido, agarrado a un mundo antiguo, tú no estás aquí para ver la sabana… ¡Tú estás aquí para latir con ella! Comprender cómo se despierta cada día, sus movimientos, sus luces y sombras o sus fríos y sus calores, descubrir esos sonidos que se proyectan en la distancia…

Quieres comprenderla y, al mismo tiempo, llevarte su quietud, la armonía y la perfección que distingues en su bello caos natural, su potente energía. No te sirve con verla, sino que requieres asimilarla, alojarla en tu seno para, desde hoy, desde este puro amanecer en soledad, poder ser igualmente y para siempre la salvaje sabana africana. Estoy orgulloso de ti, de vosotros…


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