Kazungula Children’s Ark, Botsuana

Centro 2

El pasado 19 de junio tuvimos la fortuna de pasar un día maravilloso en el centro de día “Kazungula Children’s Ark”, en la localidad de Kazungula, Botsuana.

El objetivo de nuestra visita era hacer entrega de todo el material escolar que habíamos comprado el día anterior, gracias a las aportaciones que muchos de nuestros seguidores hicieron. Compramos el material teniendo en cuenta las necesidades del centro, pues meses antes ya nos habíamos puesto en contacto con Sharon (la responsable del proyecto), quien nos indicó qué era exactamente lo que necesitaban.

En total recogimos 295€, con los cuales pudimos hacernos con el siguiente material: 800 tizas de colores, 1.000 tizas blancas, 240 lápices, 180 bolígrafos, 330 lápices de colores, 45 libros para colorear, 100 libretas, 3 paquetes de folios de 500 unidades, 5 rotuladores permanentes y 32 gomas de borrar.

Contentos con nuestra fructífera compra, y con todo bien empaquetado, nos fuimos directos al centro el cual, situado justo al lado de Kubu Lodge, se nutre de su apoyo, tanto en la gestión como en la financiación. La propietaria del mismo, Sharon, es responsable última del proyecto del centro, aunque su funcionamiento diario recae en profesores y personal administrativo.

Kazungula Children’s Ark, nació en 2006 con la idea de ofrecer un ambiente agradable y sano a niños y niñas con edades comprendidas entre los dos años y medio y los siete. Niños de la zona procedentes de familias en situaciones complicadas: familias monoparentales o bien con recursos económicos insuficientes, así como niños huérfanos o afectados por VIH. De modo que los pequeños puedan crecer y aprender aquí, alejados de sus frágiles situaciones familiares.

Centro
Centro

El centro tiene capacidad para acoger a veintinueve niños y niñas por lo que, cada curso, los niños mayores de seis años que abandonan el centro para comenzar la escuela primaria, dejan una plaza vacante que será ocupada por otro niño/a. Para su selección, el personal del centro sigue los criterios y la información que recibe de los servicios sociales del gobierno.

Aquí, los pequeños tienen todo lo que necesitan para aprender, disfrutar, socializar, relacionarse, crecer y jugar como lo haría cualquier otro niño o niña de su edad en condiciones óptimas. Cuentan con un amplio espacio exterior con arena, césped y columpios para jugar, así como un completo aulario.

Éste queda conformado por toda una planta baja y se divide en diferentes estancias: la sala principal, empleada como aula los días en que son menos niños, los lavabos, la cocina y una pequeña sala de convalecencia con cama para cuando alguno de ellos se encuentra mal y no tiene un familiar que vaya a recogerlo.

Todas las paredes están llenas de dibujos y paneles educativos hechos y coloreados por ellos mismos. En el aula principal cuentan con una pequeña biblioteca con cuentos donados por otras personas, así como una pequeña televisión y un vídeo-VHS con películas de dibujos animados. También disponen de un pequeño rincón con juguetes, bloques de construcción, etc. Todas las salas están perfectamente ordenadas y limpias, y ofrecen un ambiente cálido y acogedor.

A pesar de sus edades tan dispares, los chicos siguen un mismo horario y realizan todos las mismas actividades, aunque cada uno a su ritmo y nivel. Eso sí, pese a ser tan pequeños y encontrarse inmersos en un ambiente constante de juego y distracción, lo hacen siguiendo un comportamiento tranquilo, sin armar ningún tipo de barullo y con mucha educación. Eso es algo que nos llamó poderosamente la atención.

Además de aprender jugando, en el centro comienzan a familiarizarse con las letras, se les enseña a escribir sus nombres, los colores, las estaciones del año, los números, etc. También se les educa a fin de que obtengan herramientas de socialización, inteligencia emocional, desarrollo psicomotriz, etc. Se les intenta enseñar desde tan pequeños la importancia del aseo y el cuidados personal o qué es el SIDA y cómo combatirlo.

Aprovechando el calor del sol de invierno, los pequeños pintan y colorean en el exterior, bajo el porche del patio, sintiendo la brisa y la luz solar. En ningún momento vimos que entre actividad y actividad se desmadraran y saltaran corriendo a la arena y los columpios. Quizá porque están acostumbrados a “aprender al aire libre” y no encerrados en el aula.

Mientras nosotros visitábamos las instalaciones, los niños jugaban a hacer carreras de sacos pues, tal y como nos dijo uno de sus profesores, en unas semanas iban a celebrarse las “Olimpiadas del Centro”, por lo que los niños estaban entrenando duro ;).

Tuvimos la oportunidad de realizar diversas actividades con ellos: dibujo libre con colores, pintura con espray y pintura con acuarelas. En un principio no fue fácil entenderse con ellos, pues a pesar de que el inglés es idioma oficial en Botsuana, en sus casas y en el centro hablan Setswana, la lengua local, por lo que muchas veces no nos entendían claramente.

En cualquier caso, tampoco hicieron falta muchas palabras para comprendernos mutuamente, y tal y como estamos descubriendo a lo largo del viaje, todos los niños parecen compartir un mismo lenguaje universal. De modo que no importa el color, continente o etnia de éstos: todos disfrutan con las mismas bromas y los mismos juegos, sin necesidad si quiera de palabras, y Juancar es un experto en hacerles reír.

Visitamos también la cocina del centro y pudimos ver el menú que tenían preparado. Los niños reciben dos comidas diarias, así como un pequeño tentempié. A su llegada toman el desayuno, a mediodía la comida y antes de marcharse un pequeño snack. El menú está pensado para que coman fruta, verdura, carne y legumbres. De la cocina se encarga una sola mujer, quien cocina para los niños que acuden ese día, aunque los profesores también echan una mano a la hora de lavar los platos. Un buena parte de los fondos destinados a la alimentación de los niños se obtienen de empresas de hostelería locales, consiguiendo unos 2.000 BWP (unos 130€) al mes para comprar productos alimentarios.

A la hora de la comida, los niños y niñas siguen una rutina diaria, de modo que se levantan en orden y silencio, acudiendo según el turno asignado al aseo para lavarse las manos. Acto seguido, tras ser llamados uno a uno por la cocinera, pasan a por su plato de comida. Comen en silencio y con tranquilidad y, al acabar, dejan su plato ordenadamente en una bandeja, se descalzan y se dirigen a los colchones para dormir una pequeña siesta. Y tal y como comprobamos, lo hacen sin molestar a sus compañeros y sin armar jaleo, pese a lo pequeñitos que son.

Siesta
Hora de la siesta… zzz

Cuando les enseñamos el material que habíamos comprado y se asomaron a las cajas pusieron una cara de felicidad enorme. Aunque no eran conscientes de todo ello, sabían que les estábamos haciendo entrega de algo valioso. Para el centro es importante recibir donaciones de material como la nuestra, pues de este modo pueden destinar los recursos restantes para los gastos comunes: electricidad, profesores, transporte escolar, comida, productos de aseo y limpieza, mantenimiento, etc. También reciben donaciones de ropa y útiles de aseo, para aquellos casos en que los pequeños necesitan cambiarse de ropa, ya que la mayoría llega al centro con la muda puesta y nada más.

A las cuatro de la tarde, acaba su jornada escolar y los niños son llevados a sus casas en el coche-bus escolar.

Tras despedirnos de chicos y profesores salimos de la escuela llenos de alegría y de felicidad. Habíamos visto cómo esos niños jugaban, aprendían y se desarrollaban sanos y felices, lejos de ambientes viciados y dañinos. Ambientes que, por desgracia, hemos visto numerosas veces a lo largo de este camino, por lo que podíamos hacernos una idea de lo afortunados que esos niños eran. Y de lo afortunados que éramos nosotros por contribuir a su bienestar y crecimiento.

No podíamos evitar pensar en ese momento en tantos y tantos niños desnutridos, solos, sucios y con mirada desesperada que hemos visto tantas veces, y que con sus ojos parecen pedirnos que los llevemos con nosotros, adonde sea, no importa, adonde sea pero a otra parte. Por lo que comprobar el estado de estos niños, de otra forma tan olvidados y sentenciados, nos llenó de un completo subidón de energía para seguir echando una mano de nuevo.

Biblioteca juvenil

Antes de irnos, visitamos en un edificio adjunto otro de los programas del centro: una biblioteca juvenil, abierta de lunes a sábado, a disposición de todos los jóvenes de la localidad. Al mando de ésta estaba Ignatius, un joven híper-educado y amable, volcado en su tarea de ofrecer a sus colegas un lugar donde aprender, consultar y compartir información. Todo un valiente, con una enorme voluntad por ayudar y con grandes ideas emprendedoras en una comunidad más que tradicional.

 

Nos hubiéramos quedados varios días más allí, pero hubiéramos alterado mucho su rutina. Así que nos conformamos con pasar un día maravilloso con ellos, llevarnos abrazos, risas, caras alegres, de sorpresa, de emoción y de admiración. Jugamos con ellos, mucho, hasta quedar agotados físicamente de tanto levantarlos y cogerlos a todos por los aires y en los columpios. Llenarse de la energía y las risas de esos niños fue sencillamente maravilloso.

Jugando 2
Jugando con ellos/as

Por lo que finalmente no podemos añadir más que gracias. GRACIAS a todas las personas que pusieron su granito de arena para que pudiésemos llevar todo el material a los niños y niñas del Kazungula Children’s Ark. Aunque sentimos que no pudierais llevaros sus abrazos y su cariño, esperamos al menos que podáis recibirlos ahora, a través nuestras emocionadas palabras.

 


2 respuestas a “Kazungula Children’s Ark, Botsuana

  1. La generosidad tiene su premio con el agradecimiento del receptor, más manifiesto cuando son niños. Un consejo para evitar la angustia por la impotencia que referís al pensar en los otros niños a los que no habéis podido ayudar, pensad en un vaso de agua y no en un pantano entero al ayudar, como dice el clásico “lo que no puede ser es imposible”

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