EXPERIENCIA HIMBA

Foto grupo 1

Hace unos meses visitamos la Escuela de Primaria “Omuhonga” en la zona de Kaokoveld, al noroeste de Namibia. Una región árida, desértica, abrasada por el sol, alejada del mundo y tal vez un poco olvidada por éste, sin apenas caminos de tierra y sin luz ni agua corriente. Jirafas, impalas, gacelas, hienas, leones y leopardos o elefantes del desierto son sus habitantes naturales. Un lugar, por tanto, increíblemente atractivo para el viajero, al que llegamos cargados de material escolar que habíamos comprado gracias a la ayuda de muchos de nuestros seguidores. Quedamos impresionados, pues logramos reunir la increíble cifra de 515€, con los que pudimos comprar nada más y nada menos que 300 libretas, 266 gomas de borrar, 660 bolígrafos, 300 lápices, 107 lápices de colores, 108 sacapuntas, 3 mapamundi y 4 póster educativos. Dejamos la papelería del pequeño pueblo completamente vacía, cosa que lógicamente no importó para nada a los jóvenes trabajadores de la misma, que quedaron encantados con su venta.

Habíamos tenido conocimiento de dicho colegio gracias a la información de la web española www.trip-drop.com. De modo que logramos ponernos en contacto con Gisele y Andreas Hörn, un matrimonio alemán que gestiona la ONG “Kaokoland e.V.”, cuyo objetivo es asegurar la educación de cientos de niños de las tribus Himba y Dzemba de la región de Kaokoveld.

La ONG y su función

Llegamos a la sede de la ONG en una mañana de verano en la que el sol era ya asfixiante a las ocho en punto. Nos recibió Gisele, quien nos ofreció sombra y un vitalizante vaso de agua. Y mientras esperábamos a Andreas y otro voluntario, nos contó brevemente los inicios de la ONG… Ella llegó en el año 2000 con la idea de desarrollar un proyecto de un año y volverse a Alemania, pero pasado ese año nadie quiso relevarla y decidió quedarse y continuar. Pero no le resultó nada fácil. A cientos de kilómetros de cualquier población con un mínimo de entidad, el correo era tan lento que desde que mandaba una carta a Alemania y llegaba la respuesta podía pasar fácilmente un año. No tenía teléfono ni medio de transporte, así que la toma de decisiones y la actividad diaria eran muy difíciles. Además, el entorno, seco y árido, no acompañaba. La comida era básica y escasa, limitándose en la mayoría de ocasiones a espaguetis con sardinas de lata.

Llegada al cole
Llegada a la Escuela Omuhonga

Cinco años más tarde su marido se unió a ella y desde entonces han conseguido, con esfuerzo, varios logros. Entre ellos, conseguir que uno de los colegios en los que están presentes obtenga la certificación por parte del Ministerio de Educación del Gobierno de Namibia. Y hacer extensible esta idea al resto de colegios en los que intervienen es su objetivo principal, pues los colegios de la región son en su mayoría colegios de día (como en España), donde los niños acuden cada día a clase y regresan tras las lecciones a casa. Pero este tipo de colegios no funcionan aquí, pues la mayoría de niños tienen que andar varios kilómetros para poder ir a clase diariamente. Muchos llegan con hambre y cansancio, sin comida bajo el brazo para afrontar el día, y la ayuda del gobierno en estos casos se limita a 1 dólar namibio al día por niño (1€ son 15 dólares namibios), lo que equivale a cubrir apenas la ridícula cifra de 50 Kcal/día (la Organización Mundial de la Salud establece la cifra de 2000 Kcal/día como valor orientativo para satisfacer las demandas energéticas de un individuo de más de 4 años de edad).

La alternativa por tanto consiste en crear colegios donde los niños puedan estar internos, viviendo y estudiando durante el periodo escolar. Eso sí, sólo podrá lograrse un verdadero apoyo por parte del gobierno una vez estos colegios cumplan ciertos requisitos y logren una certificación. Por lo que ahí es donde reside la actividad de la ONG: captar fondos con los que construir y equipar escuelas donde los niños puedan asistir a clase, dormir y recibir tres comidas diarias. Algo que, por ahora, sólo lo han conseguido en uno de los colegios, en la Escuela de Primaria “Omuhonga”.

Omuhonga Primary School

Aquí hay 256 niños y niñas de las tribus Himba y Dzemba. Cada uno habla su propio dialecto, pero entre ellos se comunican y se entienden a la perfección. Los chicos y chicas están divididos en ocho cursos (a los que aquí llaman grados). Las edades oscilan entre los tres años hasta incluso los 20 o más, pues muchos de los chicos comienzan sus estudios siendo ya adolescentes. Tal vez cuando comprenden la necesidad de formarse un mínimo o logran convencer a sus padres para que les dejen estudiar, algo nada sencillo de inculcar en personas que sólo miran al presente. Al fin y al cabo, en un entorno tan difícil como éste, estudiar supone dedicar el tiempo a algo que no proporciona el pan que se consume.

horario-grado-8.jpg
Horario del Grado 8

Sus materias son similares a las que estudiamos allí en España, aunque tienen otras más prácticas y enfocadas a la formación profesional como “agricultura” o “emprendedurismo”. A pesar de que el inglés no es su lengua materna, cursan todas las asignaturas en este idioma e igualmente dedican algunas sesiones al estudio de su lengua común, el “Otjiherero”.

Época de exámenes
Aula de la Escuela Omuhonga

Las clases comienzan a las 7:00 de la mañana. A las 10:00 tienen un descanso para tomar el desayuno que consiste en un bol de cereales. Vuelven a clase hasta las 13:00 horas, cuando paran para tomar la comida: arroz o pasta acompañado de raciones ligeras de cerdo o pollo. Después de comer tienen la tarde libre para estudiar y para jugar libremente. Muchos de ellos acuden corriendo al cauce seco del río donde juegan al fútbol descalzos, sobre el lecho arenoso, con porterías construidas con grandes hojas de palmeras y pelotas de fútbol a base de calcetines viejos apretados.

Niño himba con su comida
Niño Himba con la cena

A las 18:30 es la hora de la cena, que suele consistir en un bol de harina de maíz con leche o agua y azúcar. De modo a su costumbre comen sin necesidad de cubiertos y son ellos mismos los encargados de limpiar los platos y las mesas del comedor, pues son las mismas que después de comer o de cenar hacen las veces de biblioteca. La cocina es muy rudimentaria, pues se trata de dos grandes calderos al aire libre que arden durante todo el día a fuego lento, a leña. Los mismos chicos se sirven en sus cuencos. Y para beber se desplazan unos 500m del comedor hasta un pozo, cuya agua es bombeada hasta un gran depósito gracias a unos paneles solares.

Ninguno aquí tiene material escolar propio, todo es de todos: los libros, los lápices y los bolígrafos. No tienen nada más y tampoco lo necesitan. En época de exámenes (que es cuando llegamos nosotros al colegio) resulta increíble verlos sentados después de la cena, en su comedor-biblioteca sin puertas y techo de uralita, todos reunidos bajo la paupérrima luz de un par de bombillas, en silencio. Apenas se distinguen sus caras. Todos juntos y mezclados, cada uno con el atuendo y el peinado típico de su etnia, sin importar la edad o el sexo, libres y descalzos. Algunas chicas, de acuerdo a su costumbre, incluso con los pechos al aire en plena adolescencia. Duermen en habitaciones de treinta en treinta (separados chicos y chicas) y son ellos mismos quienes lavan su ropa a mano.

Biblioteca 2
Biblioteca/Comedor

Conviviendo con ellos

Una de las tardes nos acercamos al comedor a charlar con ellos. Pudimos contarles miles de aspectos de nuestro viaje, de dónde éramos, a dónde íbamos y porqué estábamos allí. Sus mentes curiosas nos hicieron cientos de preguntas sobre España: “¿qué es lo que se come allí?”, “¿qué animales tenéis?”, “¿hace tanto calor como aquí?”, “¿hay negros en España?”, “¿les pegan los blancos a los negros en Europa?”. Y también sobre nosotros: “¿tenéis hijos?”, “¿cuántos hermanos y hermanas tenéis?”, “¿qué estudiáis en el colegio?”, “¿cómo se hace una fotografía?”, “¿os paga el gobierno por viajar?”. Nos llenaron de cariño el corazón en tan sólo media hora…

Tras la charla
Chicas Dzemba y chicos Himba

Posteriormente, durante los días que estuvimos allí con ellos, acampados al borde del lecho del río, aprendimos muchas cosas… Interactuamos con ellos y nos dejamos contagiar de su alegría y su manera simple y natural de ver la vida. Nos hablaron de sus tradiciones, sus costumbres, sus familias. Tuvimos la oportunidad de poder visitar varios poblados Himba de la mano de uno de los profesores que se ofreció a traducirnos, y nos imbuimos un poco más en su modo de vivir la vida, en su presente continuo, en sus pocas (o nulas) posesiones (y problemas), en su contacto permanente con la naturaleza, en su armonía con el medio, en su visión simple y sencilla del entorno que les rodea (“esto se come, esto otro no”). En definitiva, en un punto de vista desconocido y alejado del nuestro, como a miles de años luz. En su magia…

Según aprendimos de algunos de los profesores, cada vez son menos los jóvenes Himba o Dzemba que quieren seguir viviendo como sus padres. Poco a poco, su modo de vida tradicional se ve alterado por la influencia de nuestra cultura, la occidental, y el dinero se erige como centro de sus vidas. Por eso, es una inmensa fortuna haber podido vivir unos días junto a ellos, conociéndolos e interactuando, como dos personas más, sin la necesidad de que nos bailasen o nos hiciesen una pantomima a cambio de unos pocos dólares o comida.

Solo deseamos que con los cuadernos, lápices, bolígrafos, gomas, mapas y sacapuntas que les llevamos, dispongan de una pequeña herramienta más con la que poder aprender a valorar y tomar conciencia de quiénes son y puedan luchar por seguir siendo y existiendo como son. Exigiendo sus derechos ante un Estado que poco a poco los ahoga y tratando de encajar su modo de vida tradicional con el arrollador modo de vida occidental.

Honestamente, ignoramos si tal cosa es verdaderamente posible o se trata de una mera utopía, pues llegados a este irreversible punto de contacto entre los dos mundos, la influencia de Occidente sobre estas personas es algo ya irrefrenable. Por mucho que duela, parece que ya no hay obstáculo grande ni pequeño para la pesada maquinaria globalizadora. Sea como fuere, creemos que el ser humano es más fuerte, menos vulnerable frente a los que ostentan el poder, cuando tiene información y conocimientos. Y además, ¿por qué no? ¿por qué no ayudar a otros a “poder elegir” como podemos hacerlo nosotros?

Gracias a todos/as aquellos/as que hicieron posible este maravilloso encuentro. Los chicos y chicas llenaron sus estantes de material escolar útil y necesario, pero nosotros llenamos nuestros corazones con una magia y una energía que jamás nadie igualará. GRACIAS.


2 respuestas a “EXPERIENCIA HIMBA

  1. Preciosa narración. Tan bien escrita que mientras iba leyendo mi imaginación volaba y ya me veía ahí mismo con vosotros viviendo esa experiencia. Qué aparente contradicción, verdad? Suministrando material escolar occidental para que esos niños puedan estudiar en lengua occidental y así poder lograr que no se occidentalicen, no se globalicen … Pero la cultura y los conocimientos nunca contradicen a la realidad. La realidad acaba siendo inevitable y mejor estar preparados ante ella, Pueden haber muchos tipos de globalización. Nos hemos aferrado a la idea negativa de la golbalización. pero … otra globalización es posible!
    Estoy seguro de que esos niños os recordarán siempre y algunos aprenderán que vuestra manera de “globalizar” y de estar en el mundo es buena. Sólo por eso ya merece la pena todo. Más allá de lápices y gomas que claro que sirven, lo realmente transformador es todo aquello que se hace con la mejor de las intenciones. Como dijo una vez un sabio, la educación no se enseña, se “contagia”.
    Un abrazo y mucho ánimo!

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