“Marroquinadas”

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Aunque Juancar ya había estado otras veces en Marruecos, para mí era la primera vez y, como era de esperar, el encuentro con Marruecos y sus formas de vida ha sido, en ocasiones, bastante chocante.

Mi mirada ingenua y mi desconocimiento de una sociedad tan lejana (y a la vez tan cercana) a nosotros, me ha llevado a ir anotando curiosidades que me han llamado poderosamente la atención. Sin duda, por comparación a la sociedad de la que vengo, pero también por estrambóticas y locas que son en ocasiones.

Me explico…

Así a vuela pluma, diría que más de un 50% de los marroquíes que hemos visto (y que no llevaban chilaba) iban en pantalones vaqueros y chanclas. La tendencia es llevar los vaqueros ajustados (bien “pretos” que dirían en Utiel) y las chanclas de cualquier tipo. Por si fuera poco, a veces aderezan el atuendo con unos horrendos calcetines blancos. Y si hace mucho calor, una buena chupa de cuero.

Otra cosa curiosa son los comercios y sus horarios… Por regla general, cuando llegas a una tienda o establecimiento son varias las personas que te encuentras. Al principio cuesta saber a quién te tienes que dirigir, pero al poco adivinas quién es el dueño y te preguntas quiénes son los otros. “Los otros”, que les llamo yo, son colegas que están ahí, que echan la tarde o la mañana ahí apoyados y siempre sonríen al que llega. No curran, pero si se les necesita, están los primeros para cualquier “mandao”, por muy necios que sean.

Si quieres ir a comprar, el punto álgido de una medina o zoco no son las doce del mediodía ni las siete y media de la tarde. Son todas las horas del día, desde que abre el primero hasta que cierra el último. Puedes cortarte el pelo tranquilamente a las diez de la noche si se te antoja.

También me llama la atención la capacidad para aparecerse que tiene esta gente… De repente te entran ganas de hacer pipí y ves un lugar donde no hay gente cerca (léase desierto), aparentemente tranquilo. Pero es pronunciar “pipí” o pensarlo, y te aparecen veinte de la nada. Uno mirando las musarañas, otro con sus ovejas, otro en moto, otro en bici… No los ves, pero siempre están ahí.

Por lo que respecta a los vehículos, de todas las furgonetas que hemos visto, la súper favorita es la Mercedes 240D, la del “mercao”. Todas las Mercedes del mundo han ido a resucitar a Marruecos. Son las auténticas reinas del asfalto, junto con los camiones de los años 90 o más. Como buenos vehículos de carga, no hay mayor homenaje que se les pueda hacer que cargarlos hasta arriba -muy arriba- de cualquier cosa. Da igual que sean remolachas, cables de acero o animales, eso de “transportar aire” no es lo suyo.

Quien no tiene furgoneta, tiene una pick-up. Isuzu es tope gama seguido de Toyota. Hay pick-ups de hasta tres pisos para las ovejas que viajan en primera, segunda y tercera. Y el que no tiene ni pick-up ni furgo, tiene una moto con remolque (las Docker son la clave) que les hace el mismo papel y dan más juego en la ciudad.

Los animales viajan casi más que las personas… A lo largo de estas semanas nos han adelantado vacas, burros, ovejas, cabras, gallinas, pavos, caballos, mulas, dromedarios… Creí que jamás escribiría esto pero aquí en Marruecos las vacas van en la baca del coche. Se lo dedico a mis profes de Lengua.

En cuanto a la conducción, ocurre algo muy extraño… Y es que los marroquíes son personas muy tranquilas, sosegadas y contemplativas, pero cuando se suben a un vehículo son poseídos por el espíritu de la prisa y la locura. Conducen con los codos mientras miran el teléfono o se enzarzan en discusiones con “los otros” dejando de mirar por segundos la carretera. Además, les encanta adelantar in extremis: rasante con curva y camión de frente.

Los camioneros aquí, juegan además con otra desventaja y es la gran cantidad de pegatinas, cortinas, mantas, banderitas y demás florituras con que adornan sus camiones y que les resta el 60% de la visibilidad. Al principio creía que eran camiones de feria con tantos colores y texturas, pero no. Son unos horteras, aunque llevan sus máquinas con mucho orgullo. Y sin cuidado alguno también.

Y por si eso fuera poco, las carreteras son un infierno. Mal peraltadas, rotas por los laterales, sin señalización, con obras cada 100km (de las cuales el 70% están paradas), etc. Eso sí, tienen sus señales de radar bien colocadas por si te vienes arriba al ver el asfalto y te da por batir un récord de velocidad.

Aunque son muchas más las cosas que me han roto los esquemas en estas semanas, lo que es cierto e innegable es que allá donde vamos siempre nos encontramos una sonrisa, una mano tendida y un “bonjour madame. Y eso, sí que no me lo esperaba.

Nuestro amigo Moustapha de Azrou

¡Gracias Marruecos!


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